Meses antes de emprender este nuevo viaje, varias cosas empezaron a alinearse: conseguí mi pasaporte italiano, uno de mis mejores amigos que ya vivía en Mallorca me ofreció un lugar donde empezar, y mientras que en Buenos Aires el precio del alquiler se duplicaba, yo sentía la necesidad de salir otra vez de mi zona de confort.
Entonces hice lo más simple y más difícil al mismo tiempo:
compré un pasaje y crucé el océano.
Al llegar encontré trabajo en uno de los hoteles más lindos de la isla. Yo llevaba dos años estudiando inglés luego de un viaje por uno de los lugares más turísticos de México, dónde me di cuenta que el idioma puede abrirte puertas o dejarte mirando desde afuera.
Este nuevo trabajo fue el escenario perfecto para poner en práctica todo lo que había aprendido, conocer personas de distintos lugares del mundo y seguir creciendo en otras facetas personales.